SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Los partidos políticos y su membresía dirigencial suelen mostrar una actitud mezquina e ingrata hacia aquellos hombres y mujeres que, durante años, les dieron lo mejor de su vida. Es una práctica común ver cómo, una vez los líderes barriales dejan de ocupar posiciones de poder o visibilidad, son rápidamente archivados en el cajón del olvido. Ese es el caso del dirigente comunitario del sector de Los Mina, Abel Elías Matos, cuyo fallecimiento dejó en evidencia la desatención y el abandono de su propio partido, el PRM.

Abel Matos no fue un dirigente improvisado ni un político de ocasión. Fue un hombre de barrio, de trato directo, que construyó su liderazgo a base de trabajo, contacto humano y compromiso social. En cada esquina de Los Mina, su nombre evocaba respeto y gratitud. No había operativo comunitario, jornada social o iniciativa municipal en la que no estuviera presente. Su entrega trascendía los intereses personales; su lucha era por el bienestar de los demás.
Su paso por el cabildo fue ejemplo de productividad y responsabilidad. Como regidor, defendió los intereses de su comunidad con firmeza, proponiendo soluciones concretas a los problemas del municipio. No era un político de discursos vacíos, sino un servidor público con resultados palpables. Su estilo de trabajo lo convirtió en uno de los representantes más cercanos al pueblo dentro de la administración municipal.
Sin embargo, al llegar el momento difícil de su vida, cuando más necesitaba el apoyo de su partido y de aquellos con quienes compartió tantas batallas políticas, fue dejado solo. Esa soledad, producto del olvido y la indiferencia, terminó por acelerar su partida. Su muerte, más que biológica, fue también una consecuencia del abandono político.
Este hecho debe llevar a la reflexión a los dirigentes actuales del PRM y de todos los partidos. No se puede seguir practicando la política del desecho, donde los hombres son valorados solo mientras resultan útiles para obtener votos. Cuando los principios de gratitud y solidaridad desaparecen, se pierde la esencia misma del compromiso político y humano.
Abel Matos simboliza a tantos dirigentes que entregaron su vida al servicio público, sin recibir en retorno ni reconocimiento ni acompañamiento. Su historia es un llamado a la conciencia, una advertencia sobre los efectos corrosivos de la ingratitud dentro de las estructuras partidarias.
Ojalá su partida no quede como una anécdota más del olvido político. Que su nombre sirva para recordar que los verdaderos líderes no mueren cuando se van, sino cuando los olvidamos. La mezquindad no puede seguir siendo el sello del liderazgo moderno; el ejemplo de Abel Matos merece memoria, respeto y justicia moral dentro del PRM.
Y pienso, finalmente, que la mezquindad u olvido dentro del PRM no debe ser aceptada como norma. La grandeza de un partido no se mide solo por sus victorias electorales, sino por cómo trata a los suyos cuando ya no pueden ofrecer nada a cambio. Abel Matos merece que su legado sea reconocido y que su historia inspire un cambio en la forma en que los partidos valoran a sus verdaderos servidores.
Juan Bautista Jiménez Veras
CEO Santo Domingo Este Digital RD



